Uno de los indicios más evidentes de la globalización en la actualidad es la cantidad de préstamos e incursiones de palabras procedentes de otras lenguas a las propias, es decir, los neologismos.
No existe ninguna lengua que esté libre de adquirir nuevos vocablos; en el caso del español podríamos decir que las palabras importadas ya forman parte de nuestra propia lengua.
Estos préstamos lingüísticos, tiene ventajas e inconvenientes. Puede enriquecer nuestra lengua o empobrecerla y corromperla. Puede hacerla mejorar si las nuevas voces son indispensables en nuestro idioma, es decir, si realmente necesitamos de un neologismo para poder denominar una nueva realidad; pero para que éste sea totalmente provechoso debe adaptarse a la ortogafía y pronunciación propia, en esta caso, española, para que la nueva adquisición sea cien por cien beneficiosa.
Así por ejemplo, existen palabras que usamos diariamente desde hace siglos, por ejemplo "jamón" del francés "jambon", que está totalmente adaptada; o incoporaciones más recientes como "mítin" del inglés "meeting".
Está visto que, las lenguas, enriquecen su propio vocabularia cogiendo voces prestadas de otros idiomas. En el caso de nuestra lengua, el español, su gran riqueza y variedad léxica, proviene de miles de vocablos tomados a lo largo de la historia de lenguas como el italiano, el francés o el árabe, entre otras.
Un gran ejemplo de la influencia lingüística la encontramos en la palabra latina "vinum", que se adaptó como "vino" al español e italiano, "vinho" al portugués y "vin" en el francés. Esto se debe a que todas son lenguas románicas, pero si miramos en el caso de alguna lenguas germánicas, encontramos que el alemán adaptó también "vinum" convirtiéndola en "wein" y el inglés convirtiéndola en "wine".
Por otra parte, encontramos también juegos de palabras y equívocos, que no solo enriquecen a la lengua en el campo léxico si no que además le proporcionan un nuevo sentido semántico.
Como inconveniente encontraríamos el mal uso de los neologismos, o extranjerismos, y su aplicación incorrecta o mezcla de dos idiomas. Conocida es la anécdota de la señora que pronunció unas palabras televisadas y a quién se le escapó un barbarismo, tal como "petecitos", es decir, de sus pequeñas mascotas.
Concluyendo, ningún gobierno o ley puede eliminar ni desarrollar la lengua, esa tarea es de los hablantes, es decir, de todos nosotros.
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