martes, 6 de diciembre de 2011

"Letras Norteamericanas" de Carlos Fuentes. (El País, 2 Mar., 2002:24)

Aquí va uno de los textos de estudio con el que tuve que trabajar en la Universidad, y uno de los que más me gustó, interesó y benefició.


"Tuve la fortuna de recibir una educación bilingüe. De los cuatro a los once años, viví con mis padres diplomáticos en Washington, DC, auqne cada verano lo pasara con mis abuelas en México, DF. En aquella época, no coincidían las vacaciones escolares norteamericanas (de julio a septiembre) con las mexicanas (de diciembre a febrero), de tal suerte que mis meses en México los pasaba, de nuevo, en escuelas chilangas, para no perder, insistía mi madre, el idioma español. [...]

De mi larga escolaridad en Estados Unidos sólo retengo un autor: Mark Twain. Me interesaba más la excitación democrática del New Deal de Roosevelt y la fascinación en blanco y negro, transmutada en plata, del cine de Hollywood. Trasladados en plena Guerra Mundial a Chile y Argentina, pasé de un golpe a los clásicos castellanos, a Neruda y a Borges, a Sarmiento y a Reyes. Sólo de vuelta a México, a los 16 años, mi padre me estimuló para que leyera, en homenaje a mi infancia en Washington, la trilogía 'U.S.A' de John Dos Passos. Deslumbrado, ya no me detuve. Hemingway, Fitzgerald, y en la cumbre, Faulkner, fueron las lecturas voraces de mis años 16 a 19. A los 20 años, un relámpago me fulminó: 'Los sonámbulos', de Hermann Broch, y a partir de allí, la literatura europea.

Explico este periplo para llegar de nuevo a la literatura de Estados Unidos, con una mirada crítica reveladora. El país del optimismo de fundación, la única nación que inscribe el derecho a ser feliz en su Constitución, los USA del 'sueño americano', iban acompañados desde el principio por la pesadilla americana, la literatura crítica nugatoria de la 'inocencia' proclamada mil veces y perdida otras tantas...



Nathanael [sic] Hawthorne se quejaba de que, en su bondad pueblerina y su democracia ejemplar, Estados Unidos careciese de los paisajes y construcciones del romanticismo europeo y, muy concretamente, de la novela gótica... Pero el propio Hawthorne descubrió la semilla del mal en el puritanismo persecutorio de 'La letra escarlata' y Edgar Allan Poe instaló el mal norteamericano, sin necesidad de escenarios europeos, en 'El corazón delator', la negación de los horizontes inmensos del lejano oeste y el destino manifiesto, sepultados en los féretros de la casa de Usher... Henry James, al cabo, ubicó el mal en la noche del alma, el olvido del otro, el revés de la trama. Y Herman Melvillehizo explícita la unión de la voluntad imperial y voluntad autodestructiva en la cacería de la ballena blanca, Moby Dick, por el enloquecido maniqueo protestante, el capitán Ajab...

Una literatura crítica que debió buscar la "inocencia perdida" una y otra vez en un barril de amontillado, la vuelta de una tuerca, o la tabla salvadora del marino Ismael, sólo para descubrir que nunca hubo inocencia, pues no fueron actos inocentes la cacería de brujas puritanas, ni la esclavitud de los negros, ni las matanzas de los indios, ni las guerras contra México, y contra España... Aun la derrota del sur, guerra de hermanos, generó una gran literatura trágica -Faulkner-; la depresión económica, una literatura política -Steinbeck-, y el racismo, una literatura testimonial -Wright-.[...]



Dejo constancia, más allá de las consideraciones, de dos poderes permanentes de la literatura de Estados Unidos. Uno es la capacidad de re-elaborar la lengua hablada en términos literarios, del 'Huckleberry Finn' de Mark Twain a la 'Canción del verdugo' de Norman Mailer. La otra es la capacidad visual, la visión panorámica de los grandes espacios de Melville, a la visión capturada, minuciosa, detallista de Paul Auster, encerrados sin más compañía que sus ojos."

(Carlos Fuentes. "Letras Noretamericanas. El País, 2 Mar., 2002: 24)

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