lunes, 5 de septiembre de 2011

Al lector.

Leer un buen libro en nuestra lengua -o en cualquier otra- es, normalmente, una actividad divertida. En el sofá, en la cama, en la silla... flotamos a un mundo totalmente diferente, al mundo del libro -un mundo impredecible, extraño y emocionante. En este mundo, sin embargo, podemos reconocer situaciones cotidianas y personas que piensas o actuan como nosotros. Frecuentemente pasa que nos pensamos que somos nosotros los que habitamos ese mundo. La gente que conocemos a lo largo de sus hojas se nos hacen tan familiares como cualquier amigo.

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